

La Película.
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A través de ciclos de destrucción y renacimiento, la caída de Iximulew (Guatemala) no se retrata como un final, sino como una herida que sigue hablando.
Narrada íntegramente en kaqchikel, la película posiciona el lenguaje como una fuerza viva: portadora de memoria, resistencia y presencia ancestral. La voz no explica la historia; llora, recuerda y convoca. Desde la oscuridad, afirma una fuerza femenina perdurable que sobrevive al colapso y resurge a través del ritual, el paisaje y la respiración.
Lo que surge es un recordatorio de que la renovación no es una excepción a la pérdida, sino su compañera inevitable.


Notas de Producción.
La realización de Sacerdote del Jaguar se guió por la intuición, la inmersión y la presencia en vivo, más que por un guión o una estructura predeterminada. El rodaje se desarrolló como un proceso abierto, moldeado por el encuentro con el paisaje, el sonido y los rituales, más que por objetivos narrativos.
La producción abrazó la ambigüedad, permitiendo que imágenes y sonidos afloraran orgánicamente. Las decisiones sobre el encuadre, la duración y el movimiento surgieron en respuesta a estados internos y condiciones atmosféricas, priorizando la emoción sobre la explicación. El significado no se traduce literalmente, sino que se transmite emocionalmente.
El uso del blanco y negro y del color se desarrolló intuitivamente durante el proceso, respondiendo a los cambios en la respiración, la memoria y la densidad emocional, en lugar de a una codificación simbólica. La edición siguió una lógica asociativa, reflejando la forma en que la memoria resurge: fragmentada, repetitiva y no lineal. El diseño de sonido desdibujó los límites entre la voz, el entorno y la reflexión interior, creando un campo inmersivo donde la narración, el paisaje y el silencio coexisten sin jerarquía.
En esencia, El Sacerdote del Jaguar es un acto de escucha: escuchar la lengua, la tierra y lo que persiste tras la devastación. La decisión de narrar íntegramente en kaqchikel no fue estética, sino ética y espiritual: un reconocimiento de la lengua como vehículo de resistencia y continuidad, más que como herramienta de explicación.
La cosmovisión maya desintegra el pasado y el presente. Al filmar el paisaje como un archivo viviente, permitimos al público interactuar con el trauma cultural y la continuidad a través de la textura y el sonido, en lugar de la justificación verbal.

El Corazón de
La Producción
Lo que aparece en la pantalla es el residuo de esperar, escuchar y aceptar que el significado a menudo llega mucho después de que el momento haya pasado.
Esta película no pretende preservar el pasado; reconoce que sigue vivo. A través de una aventura trascendental y una inmersión poética, El Sacerdote del Jaguar se convierte en una meditación sobre la resistencia: sobre cómo las culturas, las voces y los espíritus sobreviven al colapso transformándose, regresando y negándose a desaparecer.
La voz no indica al espectador dónde mirar ni qué pensar; abre un espacio. En ese espacio, la memoria fluye libremente, el dolor persiste sin explicación y la resistencia existe no como declaración, sino como continuidad.
Este trabajo se convirtió en un acto de aceptación: la película se revelaría sólo cuando estuviera lista, y sólo en la medida en que ella decidiera revelar.
























